Traición Vital
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En el despacho de la casa de transición, Felipe Calderón tiene junto a su escritorio una fotografía en la que aparece de muy joven junto a uno de sus héroes panistas, tal vez el último de los clásicos, don Luis H. Álvarez.
La foto encierra una paradoja. Probablemente, el robo más burdo en la historia electoral mexicana es el de Chihuahua en 1986, en él participó como operadora del SNTE al servicio del PRI Elba Esther Gordillo, según lo cuenta Proceso en la edición de esta semana. La misma que se consagró por robar elecciones en la tierra de Álvarez, es ahora aliada de Felipe Calderón.
Si el panista chihuahuense, o cualquiera de aquellos que atravesaron el desierto para que Fox y Calderón llegaran, hubiera descrito a los priistas que tuvieron que combatir en la lucha por el respeto al voto, ninguno hubiera tenido un perfil tan completo como Elba Esther Gordillo: maestra del manejo patrimonialista del poder, de la negociación a escondidas, de los apoyos políticos como mercancía, de subordinar todo (la educación en primer lugar) al juego de la política.
Ante esta realidad por todos conocida, dice el Presidente Electo que no hizo compromisos con ella durante la campaña. Cierto o no, contó con su apoyo en una elección que se definió por 250 mil votos, además, la líder del magisterio ha dado muestras de tener derecho de picaporte en las oficinas de transición y, en estos día, la hija de la maestra viaja por Centro y Sudamérica en la comitiva de Calderón.
Todo puede ser coincidencia, pero Gordillo es ya un pesado lastre para el futuro gobierno, aun antes de asumir funciones. Por lo menos tres problemas actuales dan cuenta de ello:
1. Oaxaca. Lo singular del caso es que no importa cuál de las dos explicaciones extremas sobre la participación deGordillo en el conflicto esté más apegada a la verdad, ninguna la deja bien parada.
Si es cierto que impulsó y financió las protestas en sus primeras etapas, con tal de cobrarle una venganza al gobernador Ulises Ruiz, estaríamos ante un caso de perversidad tal, que la falta de lealtad a su amigo Calderón es lo de menos.
Pero en el supuesto contrario Gordillo es igualmente un estorbo, pues, si siendo líder del sindicato en el que se origina el problema y siendo amiga de tanto el Presidente saliente como del entrante no es capaz de servir de puente para solucionar el problema, es porque ha sembrado desconfianza hasta entre sus propios representados.
Este tipo de liderazgos es la antítesis de los interlocutores que necesita un gobierno que estará urgido de convocar a la unidad y reconstruir la confianza.
2. Congreso. Es difícil delimitar el tamaño de la bancada transversal -de legisladores de Nueva Alianza, priistas del magisterio y ex priistas ahora en el PAN- que Gordillo controla de facto en el Congreso. Pueden ser entre 10 y 20 legisladores. Pero cualquiera que sea su dimensión, el eventual apoyo de este grupo no es más importante para Calderón que contar con una agenda común de reformas con el PRI.
Para los priistas, todavía dolidos por una derrota a la que contribuyó la maestra, es inadmisible tener como contraparte aGordillo o uno de sus allegados para negociar cualquier tema.
3. Educación. Para el PRD, las llamadas telefónicas de Gordillo a los gobernadores del PRI son la prueba máxima de una elección amañada. Pero, además, a esta animadversión hay que agregarle que el Acuerdo Nacional para la Modernización Educativa de 1992, que en las últimas semanas han amenazado con romper los gobernadores perredistas liderados por Amalia García, es criatura de Carlos Salinas y Elba Esther Gordillo.
La descentralización incompleta de Salinas y Gordillo dio poder de negociación al SNTE frente a la Federación y frente a los estados, pero sin dejarles a estos últimos reglas claras sobre cómo afrontarían sus obligaciones financieras.
¿Elba Esther Gordillo Secretaria de Educación? Mala broma.
Calderón sabe que su relación con la maestra es un obstáculo en su relación con el PRD, con el PRI y hasta con el PAN. Es tanto como una seria traba para la gobernabilidad del País.
Uno de los sellos que distinguen al estadista es su capacidad para la traición. La buena traición es la que se adelanta a las circunstancias, la que se hace rápido y para "la mayor utilidad de los gobernados" como explica Maquiavelo.
Lo otro es seguir el ejemplo de Fox, el amigo leal que apapachó por seis años a la maestra mientras dejaba que millones de niños siguieran careciendo de una educación de calidad.
miguelbtrevino@gmail.com
Publicado originalmente en El Norte
Por Miguel B. Treviño de Hoyos
(04-Oct-2006).